martes, 3 de febrero de 2009

Una vez más


UNA VEZ MÀS

paco palafox

2002

Dicen que las historias de dos (por no decir de amor) empiezan cuando menos te das cuenta, y en circunstancias en las que menos piensas que puedan suceder.

A veces las planeas a veces simplemente se dan, a veces son rápidas a veces lentas, a veces furiosas a veces tranquilas, a veces lindas a veces no tanto, a veces eternas, a veces muy cortas, como la que me trajo aquí y sigue fresca en mi memoria.

Decir que he vivido toda clase de historias de dos sería alardear, seria mentir; pero bañarme de inocencia sería peor, o peor aun decir que no conocía el contexto de la situación, pero esta vez el papel sin darme cuenta cuando ni por qué, simplemente dio la vuelta.

Quizá no tengo con quien hablar esto y por eso escribo, alguien podrá leer y casi nadie entender lo que digo, porque ni yo mismo lo entiendo, no se a quién culpar, si a mi imaginación o al café mezclado con las aspirinas que me impiden cerrar los ojos por las noches y me abren el flash back mental, como película antigua asustándote su realismo.

Y aquí estoy, casi como empezó todo, frente a un frío monitor mezclando lo real con lo ficticio, mezclando colores para dibujar un presente y leer un pasado, recordar el futuro que solo guardaré en mi memoria y así, mi paleta de escritura mezclo un rojo corazón, con un gris cerebral, la combinación pocas veces es buena, algunas te hace mover la vista, te lastima y otras simplemente te hace cerrar los ojos, pero esta mezcla fue especial, la encontré en uno de esos lugares en donde abundan historias perdidas, historias que no existen pero que son, una de esas que crees que ya habías vivido pero no hay ni un sólo testimonio de que hubiera sido real, y en la arqueología del corazón no aparece nunca ese Indiana Jones que se atreva a desafiar su alrededor y alcanzar la pieza deseada.

Dije que escribiría algo sobre ella, quería hacerle un cuento, un relato, quería conocerla un poco más, más allá de su piel, más que saborear su olor y enredarme en sus brazos, sentir mucho más que sus besos, quería encontrar un poco más de inspiración, sin importar la transpiración, sin importar que por la ventana se metieran miradas morbosas o espectadores anónimos, anónimos como nosotros mismos, con la interrupción de los nudillos en la madera, o de la campana que anunciaba un round finalizado en el ring de la pasión.

Empezaba a meterme en sus ojos, pero no en donde casi todos llegan, sino en ese lugar al casi nadie toma en cuenta, en el negro de sus ojos, en el centro de su mirada y no sólo quería meterme, además quería perderme, quería estar, quería encontrar el laberinto sin mapa de salida, quería sentirme desesperado de felicidad por sentirme afortunado de acceder en lo profundo de su alma, entrando por la ventana, yo no tenía la llave de la puerta, pero tampoco la quería pedir, simplemente como niño haciendo una travesura y sintiendo la emoción de sentirse descubierto por el dueño de la casa, y correr antes de ser atrapado, yo solo quería entrar por la ventana, me hubiese conformado con asomarme dentro, pero me descubrió antes de hacerlo, antes de estar dentro de donde ya no puedes salir, medio cuerpo, media alma, dicen que dos medios hacen un entero, pero cuando en medio hay otros dos la aritmética falla, y se reprueba el examen.

No sé que fue lo que me descubrió, no era la primera vez que me metía a hurtadillas a un alma, no era la primera vez que creía dominar el terreno, tal vez fue mi exceso de peso, la sinceridad a veces no es bien digerida y muchos prefieren ser más lights en ese aspecto, quizá ese fue mi error, llenarme de tanta sinceridad y se derrumbó el laberinto, dejando sólo un adiós frío sin más

Dos fotografías, una ropa manchada como lienzo de un pintor de amor dibujando la palabra "prohibido" en ella; olor a sensualidad en el ambiente y dos botellas que guardan un secreto, uniéndose con el cristal de las copas improvisadas y una música antigua que nos hace volar al deseo.

Un correo electrónico con ganas de decir más y un nombre bloqueado en mesenger, dos tontos que intentaron creerse lo suficientemente seguros de que no pasaría nada a los corazones y les pasó. Un viaje juntos que no se realizó, una montaña de deseos entelarañados y un beso al aire sin destinatario seguro.

Una Biblia abierta en esta mi repetida historia del Sansón con su Dalila, aunque en esta ocasión nadie rasuró mi cabellera, nadie preguntó de dónde venía mi fuerza, porque tal vez nunca nadie la notó, no tuve atadas las manos al despertar, lo único que tuve fue la vergüenza de haberte fallado una vez más.

Paco Palafox


jueves, 15 de noviembre de 2007

UNA ORACION POR MI


Paco Palafox

2001

Julián tuvo una infancia normal, asistió a una escuela particular y sus padres vivían juntos a pesar de tener algunos problemas, nunca tan fuertes como para que el corazón de Julián guardara algún rencor en esos años de infancia.

A los 8 años le costaba mucho poder leer sin pausar constantemente, tenía un leve problema que hacia de Julián un niño con problemas de tartamudez, no era siempre, solamente se le acentuaba cuando se ponía nervioso, cuando tenía que leer algo frente a sus compañeros de colegio, cuando estaba frente a su maestra o a veces cuando sus padres discutían.

Julián cumplió 13 años, siempre le costaba mucho trabajo el poder hacer amigos, su timidez se acentuaba con su problema al hablar, y a eso se le sumaba la burla de sus compañeros de colegio y más aún de sus familiares, quienes le hacían una burla constante cuando tardaba más de lo normal para decir alguna frase.

Casi nunca asistía a actividades fuera de casa o del colegio, pasaba las tardes encerrado en su recámara escuchando música, o pegado al monitor de su computadora con algún videojuego en el que podía pasar horas enteras sin despegar la vista ni por un segundo, concentrando toda su atención de esas luces de colores y sonidos repetitivos del videojuego, la fantasía adolescente lo hacia sentirse el protagonista del juego, un hombre fuerte, de aspecto atractivo, hábil para desafiar al enemigo y vencerlo, con nuevas “vidas” en cada nueva “misión”, Julián veía reflejado en un dibujo de computadora lo que no podía ver en el espejo de su recámara que diariamente lo saludaba con una mirada de vació y soledad.

A los 17 era un completo solitario, no había día en el que no se quejara de su problema al hablar, se miraba en ese espejo tratando de darse ánimo a si mismo, pero al ver lo flaco que era y su cara con algunos granos normales de esa edad, solamente sentía ganas de morir, llevaba dos años enamorado de una chica que estaba en el mismo salón de clase, pero nunca se atrevía a hablarle por el temor al rechazo, en silencio y a escondidas le escribía cartas que sabía que ella nunca iba a leer, le dedicaba canciones que solamente él escuchaba y vivía lastimando su interior.

Ocasionalmente asistía a una iglesia cristiana que estaba cerca de su casa, era su única “vida social”, y más que un gusto propio, iba acompañando a su mamá quien había encontrado en ese lugar un soporte a los problemas que tenía en casa. Pero aun ahí Julián no hablaba con nadie, y como es normal nadie de la iglesia se interesaba en él, no parecía tener algo especial como para acercarse a saludarlo a no ser el obligado “Dios te bendiga” acompañado de una forzada sonrisa de aquellos que están en la puerta de la iglesia recibiendo a la gente.

Julián seguía una vida sin vida, su único amigo era el héroe del juego de la computadora, su única vida era encerrarse a escuchar música toda la tarde, sus únicos sueños, no haber sido como era sino como aquellos que todos queremos ser alguna vez, rodeados de gente, de aspecto agradable, siempre felices: pero Julián simplemente se dejaba caer en su propia amargura, de entre el ruido de la música de su encierro, lagrimas reprimidas salían del fondo de su alma, parecía que ya no podía más.

Ese sábado fue el que marcó la diferencia. La mamá de Julián entre regaños amables trataba de animarlo para que fuera a la iglesia, estaría en concierto ese grupo del cual semanas antes le había regalado el disco compacto, mismo que Julián ni siquiera intentó escuchar.

Llegaron a la iglesia y con un retrazo de más de una hora por fin comenzó el concierto, entre luces de colores sin intención, los acordes de la música llamaron la atención de Julián, el vocalista era un joven de aspecto nada fuera de lo normal, no tenía estampa de artista de esos que salen en la tele, pero trataba de manejarse como tal. Poco a poco, canción a canción Julián dejó su mundo interior para entrar al mundo real, hubo una canción que llegó muy profundo a su corazón, hablaba de la soledad, del vacío que tenemos y que solamente Jesucristo puede llenar.

Julián sintió algo especial en ese momento, una especie de nerviosismo estomacal y parte de una alegría que no conocía ni había experimentado. El concierto llegó a su fin y el vocalista invitó al público a tener un encuentro personal con Jesucristo. Julián quería hacerlo, pero no se quería conformar solamente con pasar al frente con toda la muchedumbre, quería esperarse para acercarse al vocalista y platicar con él, por primera vez había sentido que alguien podía entender lo que estaba en su interior.

La gente empezó a salir de la iglesia, los asientos estaban casi vacíos y Julián seguía esperando a que el vocalista estuviera sin tanta gente alrededor para que le prestara un poco de atención, algunos le tomaban fotos, otros le pedían autógrafos en las Biblias, y Julián esperaba. Casi media hora y el artista no dejaba de bromear con su publico, de recibir flashazos o coquetear levemente con las chicas que se le acercaban, por fin se decidió a acercarse, estaba frente a él, dos veces había estirado tímidamente la mano, pero siempre había alguien más que se le adelantaba a felicitar al vocalista. Julián estaba convencido de que iba a ser imposible hablar con él, pero al menos quería saludarlo para agradecer su mensaje. Con muestra de decisión que no le era común se le puso totalmente enfrente y le estiró la mano diciéndole que agradecía su mensaje, el cantante con esa sonrisa que parecía petrificada pero bien ensayada, solamente le dijo “Ah si, gracias, afuera esta mi nuevo disco” mientras con la otra mano saludaba de lejos a algún otro conocido. Julián sintió que no le estaba poniendo la atención que él le puso mientras cantaba y con cara seria y vacía solamente le dijo: “¿Podrías hacer una oración por mi esta noche?”.

El artista sin prestarle la atención necesaria simplemente dijo que si, mecánicamente, le dio una palmadita en el hombro y se volteó a saludar a otras personas que ya conocía.

Julián regresó a casa solo, eran casi las doce de la noche y seguía en su recámara, sin música, sentado frente al espejo sin expresión alguna y repasando en su mente lo que había escuchado y visto.

Se sentía triste, más que nunca. Tomó una hoja de papel y escribió ahí una frase que dejó pegada en el espejo. Apagó la luz de su recámara y encendió la música.

Al día siguiente la policía sin más problemas reconoció que había sido un suicido, simplemente uno más.

Encontraron a Julián tirado en su cama boca abajo, muerto. La música seguía tocando y en el espejo una nota que decía: “¿Podrías hacer una oración por mi esta noche?”

pacopalafox@hotmail.com

www.pacopalafox.com

martes, 13 de noviembre de 2007

lunes, 3 de septiembre de 2007

PACO PALAFOX

QUISIERA


QUISIERA
Juan Luis Guerra
Quisiera ser el aire que respiras
quisiera ser el rizo de tu pelo
quisiera ser tu séptimo sentido
quisiera ser un voltio en tu bombillo

Y prender el alba
y amasar la noche
y salir contigo disfrazado de horizonte

Quisiera que me hablaras cuando callas
O al menos ser el nudo en tu garganta
Quisiera ser la silla que te aguanta
Tu zafacón de besos escondidos

Y contar contigo
y doblar las calles
y sembrar guayabas
y soñar con mil detalles

Quisiera y tantas cosas mas quisiera

Revelar tus ojos
celebrar tu nombre
y salir contigo disfrazado de horizonte

Quisiera ser el asa de tus ojos
el calcio que te dan tus vitaminas
tu ruta cuando cruzas la neblina
y el cordón umbilical de tus zapatos

Y contar contigo
y doblar las calles
y sembrar guayabas
y soñar con mil detalles

Quisiera y tantas cosas mas quisiera

Revelar tus ojos
celebrar tu nombre
y salir contigo disfrazado de horizonte

viernes, 13 de julio de 2007